4 may. 2013





"Por motivos que quizás parezcan más evidentes de lo que son en realidad, me opongo a la pena capital, y confío en que el juez que me sentencie comparta esta actitud. De haber comparecido ante mí, de ser yo quien me juzgara, habría condenado a Humbert a treinta y cinco años por violación y habría desechado el resto de las acusaciones. Pero, aún así, Dolly Schiller me sobrevivirá, sin duda, muchos años. He tomado la siguiente resolución, con todo el sostén y el impacto legal de un testamento firmado: deseo que estos recuerdos no se publiquen hasta que Lolita ya no viva.
Ninguno de los dos vivirá, pues, cuando el lector abra este libro. Pero mientras palpite la sangre en mi mano que escribe, tú y yo seguiremos siendo parte de la bendita materia, y me será posible hablarte desde aquí, aunque estés en Alaska. Sé fiel a tu Dick. No dejes que otros hombres te toquen. No hables con desconocidos. Espero que quieras a tu hijo. Espero que sea varón. Ojalá que tu marido te trate siempre bien, porque de lo contrario. mi espectro se le aparecerá, como negro humo, como un gigante demente, y le arrancará nervio tras nervio. Y no tengas lástima de Clare Quilty. Tenía que elegir entre él y Humbert Humbert, y quería que éste viviera, al menos, un par de meses más, para que tú vivieras después en la mente de las generaciones venideras. Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita mía."

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