10 oct. 2012



Hace años que persigo una promesa que me hice, pero con el tiempo he aprendido a darme cuenta de mi error: he gastado pares de zapatos, tiempo y muchas horas de sueño en pretender satisfacer mi ansia y mi miedo. Quise estar en lo correcto, pero lo correcto es tantas veces aquéllo que más desconocemos.
Te he escrito infinidad de versos y palabras, prosa, poesía, formatos que no tienen nombre, imágenes, te he buscado y he juntado pedacitos de recuerdos diminutos para ver si me alcanzaban, para ver si de todos ellos construía tu imagen, pero me siento débil y perdido como un ciego que va a ninguna parte.
Y si tal vez no existas, o no vayas a leer esto nunca, nadie podrá reprocharme que no lo perseguí con fuerza. Tal vez no supe hacerlo mejor, o tal vez -simplemente- no era el momento ni el lugar.
Quedan tantas letras a mi espalda, tantos intentos por hacerte entender cosas que ni siquiera yo comprendo que ahora me siento frente a ellas y las maldigo, quisiera borrarlas todas y decirles: "-salid de esta vida que ni me pertenece, ni os necesita". Pero no tengo el valor, porque al fin y al cabo es mi manera de luchar contra un olvido que podría ser tan devastador que me borrara a mi también de cualquier mapa.

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