16 nov. 2012


En prácticas de Teoría de la Imagen estamos analizando imágenes siguiendo un método que no acabo de entender y que me lleva por el camino de la amargura. Estuvimos analizando ejemplos y ahora es nuestro turno: tenemos que elegir una imagen o pintura, según lo que nos designó el profesor, y exponerlo en clase. Hasta aquí todo normal, todo muy típico de Ciencias de la Comunicación.
Un miércoles nos enseñó una imagen que había analizado con mis compañeros de Periodismo. A mí me encantó, era fascinante, pero nunca supe cómo se llamaba y tampoco me molesté en preguntarle a mi amiga Sara por ella. Hasta aquí todo normal.
El miércoles, día de la huelga general, estuve pensando en esa foto y contándosela a alguien de mi familia y deseando verla otra vez, aunque tampoco le pregunté a Sara por ella.
Ayer, día del cumple de mi queridísima abuela, tenía que pasar la mañana en la UJI, algo muy típico dado mi horario y la mierda de transporte público que hay en mi pueblo, y cogí un portátil que tiene la universidad para sus usuarios. Estaba guardando una foto, calificada de porno por todos cuantos la vieron, de Brigitte Bardot para publicarla en mi  Tumblr. La guardé y para mi sorpresa, ahí estaba la imagen de la que he hablado. Ahí. Sola. Guardada por cualquier desconsiderado como yo en ese ordenador público. Esperándome. Sabiendo que yo la quería volver a ver.
También ayer, llegué a casa con un fuerte dolor de muela, dientes o lo que fuera que mi dentista no acaba de entender y necesitaba alguna pastilla. Mi tía me dio una que contenía algo así como codeína. Yo le pregunté qué era eso porque la había oído en Los Simpson que el abuelo se la daba a Homer cuando era un niño y me hacía mucha gracia. La tomé y me dediqué a redecorar el blog de nuestra agencia de Publicidad mientras escuchaba Los Simpson. Como no podía ser de otra manera, apareció la escena que había nombrado hacía tan sólo unos minutos. Y estos son tan sólo dos ejemplos de las muchas coincidencias que he tenido la suerte de presenciar.
Y yo me pregunto ¿qué o quién da pie a estas coincidencias? Desde luego tengo que darle las gracias al destino, Dios, Dioses del Olimpo, la física y química o a no sé qué puñetas puesto que sin estas pequeñas, o grandes según se mire, coincidencias la vida sería un completo aburrimiento. Todo es mejor, más mágico, si nos encontramos con alguien a quien deseábamos ver y que no esperábamos hacerlo justo en ese momento. O si descubrimos algo en lugar donde jamás imaginamos encontrárnoslo. O, como es mi caso, encontramos una foto en uno de los muchos ordenadores que utiliza mucha gente cuando más nos estábamos preguntando por ella.
 La vida debería ser mágia.
En realidad, la vida es magia. Sólo que algunos no lo saben ver.

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