15 jun. 2012


"Me parece ridículo que las personas mayores discutan con tanta facilidad por cualquier cosa. Hasta ahora estaba convencida de que esto de pelearse era una costumbre de chiquillos, que desaparecía con los años. Puede producirse una <<verdadera>> disputa por una razón seria, pero las palabras ofensivas que oigo constantemente aquí no tienen ninguna razón de ser y, sin embargo, están a la orden del día. Debería acostumbrarme a ellas pero no lo consigo, ni lo conseguiré nunca mientras estas discusiones, las llaman así en vez de <<disputas>>, se produzcan por mi causa. No me conceden ninguna cualidad, en mí no hay nada bueno, absolutamente nada. Nunca acaban de criticar y condenar mis maneras, mi aspecto o mi carácter. Ahora bien, hay una cosa a la que no me he acostumbrado: los gritos y palabras duras que me veo obligada a a escuchar sin descomponerme. Esto es más fuerte que yo y no puede durar."

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