1 sept. 2012

Al despertar, recorrer mi casa y ver a mi familia siento una enorme alegría. Alegría por despertarme un día más. Alegría por saber que ellas siguen ahí. Alegría por todo. Soy afortunada, muy afortunada, lo único que no podemos elegir es la familia y yo tengo una maravillosa. Si Dios existiera creería que es cosa suya.
(...) A veces siento que si suelto una carcajada más romperé los índices de felicidad, pero no lo puedo evitar y la suelto. Y los índices de felicidad se ven desbordados porque no pueden contabilizar mi regocijo.
Hoy es el primer día de septiembre y lo único que he oído son quejas porque el verano está llegando a su fin. ¡Ignorantes de la vida! Yo doy gracias, aunque no sé bien a quién o qué, por poder disfrutar de un día, una semana, un mes, un año más de vida. Por eso cada mañana al abrirse mis ojos color Coca cola sólo se me ocurre sonreír por ser tan jodidamente afortunada. Afortunada por todo. Afortunada por ser consiente de mi superioridad frente a esa gran masa de gente gris y calcada que sólo ve la escuela como una especie de cárcel, que escucha música por el mero hecho de que la escuchan los demás y que no tiene más pensamiento que irse a una fiesta con música electrónica a tomar sustancias inútiles e ilegales Afortunada por poder expresar con toda la claridad posible en mis escritos cuán dichosa soy. Afortunada por ser yo, Mailén Castro Molina, una post-adolescente charlatana, borde, fría, alegre y soñadora. Afortunada por tener personas que se preocupan diariamente por mí. Afortunada por tener mil historias y anécdotas que poder contar en un futuro. Afortunada por tener la estúpida creencia de que seré "forever young". Por eso, con estas simples palabras me gustaría decir a todas a esas personas que han compartido aunque sea diez minutos de mi maravillosa vida que deseo que todos, todos, todos, todos seáis u os sintáis tan sumamente afortunados, felices y merecedores de todo lo que tenéis como me siento yo.

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