13 sept. 2012



"(...) Debo seguir estudiando, para no ser ignorante, para progresar, para ser periodista, porque eso es lo que quiero ser. Me consta que sé escribir. Algunos cuen­tos son buenos; mis descripciones de la Casa de atrás, humorísti­cas; muchas partes del diario son expresivas, pero... aún está por ver si de verdad tengo talento. Yo misma soy mi mejor crítico, y el más duro. Yo misma sé lo que está bien escrito, y lo que no. Quienes no escriben no saben lo bonito que es escribir. 
Antes siempre me lamentaba por no saber dibujar, pero ahora estoy más que contenta de que al menos sé es­cribir. Y si llego a no tener talento para escribir en los periódicos o para escribir libros, pues bien, siempre me queda la opción de escribir para mí misma. Pero quiero progresar; no puedo imagi­narme que tuviera que vivir como mamá, la señora Van Daan y to­das esas mujeres que hacen sus tareas y que más tarde todo el mundo olvidará. Aparte de un marido e hijos, necesito otra cosa a la que dedicarme. No quiero haber vivido para nada, como la mayoría de las personas. Quiero ser de utilidad y alegría para los que viven a mi alrededor, aun sin conocerme. ¡Quiero seguir vi­viendo, aun después de muerta! Y por eso le agradezco tanto a Dios que me haya dado desde que nací la oportunidad de ins­truirme y de escribir, o sea, de expresar todo lo que llevo dentro de mí. 
Cuando escribo se me pasa todo, mis penas desaparecen, mi va­lentía revive. Pero entonces surge la gran pregunta: ¿podré escri­bir algo grande algún día? ¿Llegaré algún día a ser periodista y es­critora? ¡Espero que sí, ay, pero tanto que sí! Porque al escribir puedo plasmarlo todo: mis ideas, mis ideales y mis fantasías."

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