28 sept. 2012


Porque le has tenido tan cerca que podías oír su respiración. Inconscientemente te ha dado infinitas oportunidades para decirle todo aquello que jamás pensaste que le querrías decir, te ha propuesto compartir a su lado esos minutos que nunca hubieses imaginado que desearías recordar con él, y tú, como mema de campeonato que eres, has desperdiciado todo eso, lo has cogido y lo has lanzado al vacío. Has dado por hecho que las oportunidades así son algo que aparecen con frecuencia, algo de todos los días, cuando bien en el fondo ya tenías aprendido de antes que sucede justo al contrario. Sabes de sobra que momentos así hay uno, o a lo sumo, dos ¿acaso creías que de verdad tú ibas a ser la afortunada que iba a tener una segunda oportunidad?
Y ahora sientes que darías todo lo que tienes por tan solo volver a tener la oportunidad de tenerlo cerca otra vez, de un pequeño minuto de todos esos, para no desaprovecharlo. Pero ¡enhorabuena! ahora es tarde. La nostalgia y el karma han llegado, a traición, en el minuto exacto, agarrados de la mano, para volver a recordarte la puta lección que parece que no te da la gana aprender.

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