11 sept. 2012


<<Me disculpé como un loco porque la orquesta empezaba a tocar una pieza rápida. Empezó a bailar el jitterburg conmigo, pero tranquilo y suavecito, no hortera. Lo hacía estupendamente. No tenías más que tocarla, Y cuando se daba la vuelta movía el trasero a saltitos de una manera muy graciosa. Me volvía loco. De verdad. Para cuando nos sentamos ya estaba medio loco por ella. Eso es lo que tienen las chicas. En cuanto hacen algo gracioso, aunque de aspecto no sean gran cosa y aunque sean un poco tontas, acabas enamorándote de ellas y entonces ya no sabes dónde demonios estás. Las chicas. Dios santo. Pueden volverte loco. De verdad.>>

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